Me encontraron los libros: 23 de abril Día del Libro

Hoy tengo la oportunidad de rendir un homenaje a los libros. 23 de abril de 2015, el primer Día del Libro con este blog.

Yo era muy pequeño, y entre lo que más me gustaba que me regalasen, eran cómics. Sobre todo de Mortadelo y Filemón o Don Miki. Pero casi cualquier cómic me gustaba. Libros no tanto, pero tenían que ser cortos y con muchos dibujos, para leerlos rápidamente una y otra vez, pues si tenían muchas hojas, tardaba demasiado.

Recuerdo un libro de texto de mi hermana con cuentos que contenían moraleja. Me encantaba leerlo, aunque era para mayores que yo (tendría 8 o 9 años). Era cuadrado, y los dibujos eran fabulosos. Eran los años 80 y aparte de mis coches en miniatura, mi segunda compañía eran los libros.

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Pero por raro que parezca, los diccionarios me apasionaban. En tan pocas páginas había tanto saber encerrado… y parecían interminables. Lo bueno es que podía elegir qué leer de ellos, y probablemente, no me cansaría de buscar. Abría las páginas al azar encontrándome siempre con alguna palabra e información nueva. Y no solo los diccionarios: lo mejor eran las enciclopedias. A veces miraba los lomos de los volúmenes, dispuestos en la estantería, y pasaba las manos notando su tacto. Los abría y disfrutaba del perfume que desprendían.

A esas edades todo era mágico. Y sin duda hubo un libro que lo era por encima de los demás. Era de 1º de EGB y se titulaba ‘Borja’. En la portada, con fondo amarillo, había dibujado un osito de peluche muy simpático, sentado y sujetando un bote de miel. No sé cuántas veces releía ese libro, capítulo a capítulo, asombrado por los dibujos y las historias del niño Borja, su familia, sus compañeros y compañeras, el colegio… Al final hay unos espacios escritos, probablemente por mi padre, en los que tenía que apuntar datos. Lo más increíble son las fechas: terminé de leer ese libro a la edad de 7 años, el 6 de junio de 1985 (hace casi 30 años). El año pasado recuperé ese libro que hacía al menos 20 años que creía perdido. Lo tengo en mi estantería y lo he vuelto a leer.

borja-anaya

Siempre me gustaba ojear los libros de mi hermana, 5 cursos más adelantada que yo, y me parecían más interesantes que los míos. Cuando iba a una librería me quedaba embobado mirando todos los libros que había, respirando el aroma del papel que cubría la tienda, y un nerviosismo corría en mi estómago solo de pensar en que todos esos libros ocultaban maravillas que me estaban esperando.

Lo mejor eran las lecturas del colegio cuando tenías que comprar cuentos de ‘El Barco de Vapor’. Mis favoritos, que todavía conservo, son ‘El Secreto de la Arboleda’ y ‘Viento Salvaje de Verano’. El primero lo grababa en cassette, leyendo y trucando las voces para parecer diferentes personajes (también lo hice con alguna historieta de Zipi y Zape); el segundo, creo que nunca lo acabé, porque cuando llegaba a la mitad me cansaba, aunque era muy interesante. No conservo todos los que me hubiera gustado, pero llegó un momento en que atesoré una muy buena biblioteca con todos los cuentos, libros de lectura, cómics… una vez les puse número a todos y colgué en la puerta de mi habitación un cartel donde decía “Biblioteca”, con un horario. Otras veces montaba la biblioteca en algún rincón de la sala de estar.

don blanquisucio

Tengo que mencionar, aunque sea por un momento, dos cuentos que me marcaron verdaderamente, casi los más tempranos: uno es ‘Los osos de Ni-Se-Sabe’, y otro ‘Don Blanquisucio’. ‘Don Blanquisucio’ es un cuento ilustrado que regalaban con Puleva y ejercía en mí un encanto extraño. Era una llamada contra el racismo y en pos de la tolerancia entre los seres humanos. El alcalde de un pueblo tenía verdadero pavor a los colores y todas las casas y ropas de las personas debían pintarse en blanco. Hasta que un día unos niños se escapan y encuentran una familia negra de camping en el bosque. Los llevan al pueblo de don Blanquisucio y… pasan cosas divertidas, es para niños. Lo malo es que me dio por pintarrajear el libro, no sé cómo no me detuvieron, debía ser muy pequeño. Pero como backup encontré hace poco un ejemplar intacto y me hice con él, pues el original está muy estropeado. Así cuando quiera leerlo, cogo el nuevo.

No sabría bien cómo explicar el influjo de los libros, el porqué de su atracción. Pero puedo contar qué me gusta de ellos. Es verdad que hoy en día la información que necesitemos puede encontrarse en diferentes formatos, sobre todo digital. Pero el papel… ya sea porque en esa época de mi infancia el papel era el principal medio de atesorar información, ya sea porque simplemente tengo buenos recuerdos de lo leído… pero nada iguala la postura de los dedos y las manos, el movimiento de pasar la página… el libro lo puedes dejar encima de la mesita, no pesa, si se cae, obviamente se puede estropear o romper, pero siempre podrás leerlo, las letras no se perderán; puede que el material y el tacto sean tan especiales y los relaciono con la historia que esté leyendo en ese momento.

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Abrir un libro y encontrarte con que el tipo de fuente te gusta -o no-, si el papel amarillea con el tiempo. Coger un libro y echarlo en la mochila o una bolsa, llevarlo contigo a todas partes, leer en el tren, por la noche antes de dormir. Todo eso también lo puedes hacer con un soporte digital, no cabe duda. Pero sin menospreciar los ebooks, en absoluto, no es lo mismo. El libro, dentro de sus complicaciones y posibles desventajas, no pierde información a menos que lo rompas; no tienes que encenderlo; siempre está a punto para leer, no te perderás si usas un buen marcapáginas… y lo mejor: lo sientes.

A finales de los 90 formé una buena biblioteca con lo que empezaba a descubrir. Tanto poesía como novela, teatro, ensayos, revistas, diccionarios, manuales… un día hablando con mi profesora de Historia, le dije: “No sé qué haría sin mis libros, no podría deshacerme de ellos”. A lo que ella contestó que “con el tiempo te irás deshaciendo de muchos, que ya no te servirán”. Tenía razón, y pese a lo escandalosa que se me antojó tal afirmación, algo me decía que podría estar en lo cierto. Con el tiempo mis intereses iban cambiando, modelándose y evolucionando, especializándose. Pero sobre todo ampliándose.

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¿Qué tiene el papel que hace tan importantes a los libros? ¿Están los libros por encima del soporte digital? Yo creo que no. Los dos tienen la misma función: reunir información para almacenarla convirtiéndola en un medio de aprendizaje. Quien lea menos libros y demasiado en pantalla dudo que sea menos inteligente que los fanáticos del papel. Es una lucha perdida. Lo que importa es lo que se lee. Pero si debo defender más a uno de ellos, es, sin duda, al libro.

Podría pasarme horas hablando de los libros que más me han marcado, pero eso sería escribir una novela centrada en la formación de mi personalidad desde lo aprendido con los libros. Dejo en el tintero nombrar a tantos cuentos, libros y cómics de mis recuerdos, pero puede ser una excusa para hablar de ellos de vez en cuando.

 

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