Ya no me avergüenza decir que veo ‘Águila Roja’

¿Cuántas veces hemos visto algún capítulo de ‘Águila Roja’, tanto por curiosidad como por satisfacción, y nos hemos dado cuenta de que tiene algo que deja regusto pero que es un producto a medio camino entre teatrillo y serie de ficción de barrio con más actores mediocres que dignos?

Vayamos por partes y que nadie se ofenda, que esto es una opinión personal en toda regla, y hablemos un poco de lo que supone esta serie de TV para este pobre “Bibliotecario”. Y atención que puede haber spoilers.

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Qué es ‘Águila Roja’

Sí, me gusta ‘Águila Roja’, y desde el principio no me he perdido ni un capítulo. Ni uno solo. También es cierto que muchos de ellos los he visto “pasándolos” en el ordenador para ir al grano de la acción y dejar ese incómodo “relleno” a un lado. Pero si digo que me gusta y no me he perdido nada, ¿por qué me parece que es cutre y me avergonzaba airear mi agrado por la serie? En primer lugar, la idea de un ninja en la España del siglo XVII me atraía sobremanera. Es una mezcla que me parece lícita, ya que en esa época y antes ya se comercializaba con China, y nuestro protagonista, Gonzalo de Montalvo, viajó hace tiempo a Oriente a instruirse en conocimientos y cultura, pero también en artes marciales. Por lo tanto, no era algo tan desconocido, sí quizá para el pueblo llano, muerto de hambre y de conciencia.

No era raro que sobresaliera alguien que buscara sabiduría por encima de todo y que tuviera las suficientes agallas para enfrentarse al poder establecido en la Villa de Madrid, aunque fuera a escala local, que ya es algo. Por lo tanto, el cuento de la doble identidad, la ocultación del alter ego heróico para proteger a su familia, es algo común en las historias de héroes y superhéroes que tenemos más que sabido y no es nada nuevo pero sí útil y que siempre atrae al público.

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Gonzalo trabaja como maestro del barrio de San Felipe y pierde a su mujer por la maldad y falta de compasión del Comisario de la Villa, Hernán Mejías, que la asesina. Hernán desprecia a los débiles y a la gente sin recursos, además se codea con la aristocracia y la alta alcurnia del clero, pero no deja de ser un huérfano que vive en la más absoluta frialdad. Desde ese momento, y para proteger al pueblo, Gonzalo decide utilizar todo su potencial físico, artes marciales y conocimientos científicos, de Historia y cultura en general, para alzarse contra la impunidad del Comisario o cualquier otra persona que pueda hacer mal a algún inocente.

Hasta aquí es lo que suele ocurrir en estas historias. Gonzalo tiene un hijo y su cuñada, hermana de su difunta mujer, a los que tendrá que proteger. Para ello se diseña un traje y enfundando su katana con la insignia del águila roja, escapa por las noches en su corcel blanco para buscar quien necesite ayuda. Pronto será descubierto por su nuevo criado, Saturno García “Satur”, que le jura lealtad y le acompaña en todas sus hazañas. Algo así como un Quijote y un Sancho, para mayor similitud con nuestros personajes españoles. Satur es tosco, inculto, algo burro y cerrado de mente, pero de gran corazón y sentido de la justicia. Una contrapartida al Águila Roja, que es calculador, comprensivo, objetivo y escéptico.

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A partir de esta premisa comienza una historia que hila conjuras contra la corona española, intrigas de aristócratas, una historia de amor con Margarita, la cuñada de Gonzalo, pues ambos se sienten irresistiblemente atraídos pero dada la reciente muerte de su esposa, Gonzalo decide no dar rienda suelta a sus deseos. ¿A qué nos suena todo esto? A la fórmula que siempre funciona y que agrada al público, como he dicho antes. ¿Qué tiene de malo? Vamos a empezar a poner las cartas sobre la mesa.

El cambio

Al principio, muy al principio, ‘Águila Roja’ contenía capítulos autoconclusivos con dos tramas: una trataba de algún caso que se le presentaba a nuestro héroe y otra paralela casi sin nada que ver alguna historieta con los personajes allegados a Gonzalo, amigos o familiares. Las dos primeras temporadas sufrieron grandes cambios y comenzaron a desaparecer personajes “mascota”, esos personajillos absurdos, molestos y pesados que andaban haciendo tonterías todo el tiempo y le restaban seriedad a la serie, provocando, al menos en mí, la sensación de estar viendo un crossover entre ‘Aída’ y ‘El Zorro’. Estos personajes desaparecían, morían o se alejaban de las tramas principales arriconándolos a apariciones esporádicas. Fue algo que me sorprendió y alegró muchísimo. Pienso que los productores y guionistas se dieron cuenta del potencial desperdiciado de la serie y decidieron dar un retoque al reparto.

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Por otra parte, los capítulos seguían un ritmo de desarrollo tan lento como desesperante con escenas larguísimas e innecesarias. Otro punto en contra que conseguía que me aburriera. ¿Qué alicientes me hacían seguir adelante? Las espectaculares interpretaciones de Miryam Gallego que encarna a Lucrecia, la marquesa de Santillana, y de Javier Gutiérrez como Satur. Tengo que decir a título personal que esos dos personajes, a excepción de Águila Roja, me sorprendían y me ofrecían un gran disfrute en cada episodio. Algo contrario a Gonzalo, David Janer, que cuando se quita el uniforme de Águila Roja es lo más soso que se pueda imaginar.

Las coreografías de combates de Águila Roja contra cualquier otro oponente quedaban en un intento por ofrecer un espectáculo que no estaba a la altura, pero que tampoco llegaba a ser cutre.

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Evolución de ‘Águila Roja’

Siguiendo con las desgracias de la serie, a lo largo de las primeras temporadas todos los acontecimientos que ponían en peligro la vida de los personajes, su status quo o personalidad se sucedían sin que nada cambiara. Todo volvía siempre a ser igual. Era como ver un capítulo de Shin Chan detrás de otro, que a lo largo de tantos años nunca crece, siempre tiene 5 años… o leer decenas de historietas de Mortadelo y Filemón. El tiempo no pasa por ellos y ocurra lo que ocurra, siempre se encuentran en la misma situación. Este hecho, aparte de impacientarme, le quitaba credibilidad a la serie. Tengo que reconocer que no me gusta que los personajes de una historia se mantengan siempre igual en su status quo y no evolucionen. Pienso que los personajes de ‘La que se avecina’ tienen más posibilidades de cambiar.

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Durante dos o tres temporadas hubo un personaje que forzó unos guiones sentimentaloides y muy pero que muy absurdos. Se trataba del médico Juan de Calatrava, interpretado por Roberto Álamo. Sinceramente, este personaje creado por y para marujas, sobraba desde el primer momento que pisó los platós de la serie, y mantuvo varias temporadas una situación más absurda aún con el vaivén amoroso con Margarita (Inma Cuesta), que era tan poco creíble como una cena romántica entre Pablo Iglesias y Esperanza Aguirre. La cosa no pudo durar más y este personaje desapareció en una saga de dos o tres capítulos que, alabados sean, consiguieron devolverle algo de dignidad a la serie.

Pero lo más triste fue el incordio de Mónica Cruz, cuya desastrosa, insulsa y poco meritoria actuación ensució una o dos temporadas con su despreciable aparición. Este personaje no pintaba nada, solo molestaba. Me apena decirlo pero como actriz esta muchacha no tiene gancho ni carisma. Pienso que estaba ahí para hacer algo, a ver si sonaba la flauta y conseguía papeles de criada hispana en Hollywood. Pero a mi parecer, lo único que ha hecho ha sido el ridículo.

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Hablando de esos personajes insoportables… pese a haberse deshecho de algunos de ellos, todavía se arrastraban unos cuantos. Margarita y Alonso, el hijo de Gonzalo, seguían en la parrilla. Sé que nunca van a desaparecer, pero cuántas veces han tenido la oportunidad de quitarlos de enmedio. Porque para tonterías, ellos. En fin, nada puede ser perfecto, así que no me quejaré. Pero sinceramente, la mayoría de actores y actrices, a mi forma de ver, no ha estado a la altura. Interpretaciones forzosas, o bien extremas, o un tanto cutres han hecho que ‘Águila Roja’ a veces pareciera un collage donde gente con actitudes del siglo XXI aparecieran tal cual en un escenario del siglo XVII.

Si hablamos de lamentaciones, la saga de la madre de Gonzalo fue el peor resultado de la serie. El caso quedó resuelto de la forma más absurda, triste y sin venir a cuento. Un hecho que prometía y podría haber dado un giro inesperado a toda la serie se vino abajo en un santiamén. Pero claro, mantener a una actriz como Julia Gutiérrez Caba habría arruinado a los productores.

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El desarrollo del tema central que era el misterio de la familia de Gonzalo ha sido bastante odioso y mal tratado por los guionistas en un afán de mantener en vilo durante años a los espectadores, que ya parecen haberse cansado de tanto misterio y de una situación inaguantable. Águila Roja dando vueltas por todo Madrid descubriendo cámaras antiguas, tesoros, secretos reales… todo ¿para qué? El misterio no avanzaba y siempre estaba estancado. Hoy día parece que el hilo se ha roto y todo ha estallado en desenlaces inesperados como deseados.

Se ponen las pilas

Pero ¿qué me ha hecho cambiar de idea y airear que me gusta ver esta serie? Bien, Desde la temporada 6 más o menos, según estoy recordando, todo ha adquirido un matiz diferente, y aquí no me extenderé mucho y resumiré: las coreografías de combates se han hecho cada vez más especializadas y espectaculares, incluso algo más largas. El desarrollo de los capítulos, pese a seguir durando 90 minutos, es más rápido, sin relleno, ágil y de ritmo adecuado. El status quo de algunos personajes ha ido cambiando y sus vidas se han visto truncadas por hechos que los han marcado más profundamente. Algunos de ellos incluso han evolucionado acorde con sus desgracias. Por ejemplo es el caso de los niños Guillermo Campra y Patrick Criado, que encarnan a Alonso (hijo de Gonzalo) y Nuño (hijo de Lucrecia), que han ido creciendo a lo largo de estos 8 años y sus personajes han dado un giro monumental que ha pasado de la impertinencia a la seriedad.

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La variedad de aventuras y acontecimientos ha ganado en calidad en cada capítulo. No digo mucho de la música, porque más o menos siempre ha sido la adecuada, pero admito que también ha ganado con el tiempo. Los guionistas han visto que esta serie tiene más potencial del que estaba siendo aprovechado. Y es que se reconoce que ‘Águila Roja’ era y sigue siendo, aproximadamente, un producto dirigido en principio a amas de casa. Sí, pero eso no significa que otro tipo de audiencia pueda estar enganchado a ella, nada que ver. Por eso ahora me atrevo a decir que sí, que veo ‘Águila Roja’. Podía haberlo dicho antes, no pasaba nada, podía haber dado estos mismos argumentos, pero sinceramente, no tenía esperanza en que las actuaciones de dos o tres actores y algún capítulo emocionante salvara mi idea de que era una serie destinada a ser devorada por sus propios fans.

¿La película aquella estrenada en cines? Mejor no decir nada. Era un capítulo más, y con un argumento rayado hasta la saciedad… una pena.

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Para continuar con las virtudes de la serie, la fotografía, a mi parecer, es uno de sus puntos más fuertes. Desde hace un tiempo, y no creo que sea el único que lo reconozca, hemos podido contemplar algunas escenas que eran verdaderos cuadros, contrastes de luces y sombras a lo Caravaggio. ¿Y cómo es que una serie que ha reunido tantos contrastes negativos y positivos ha tenido éxito, continúa su emisión y sigue grabándose una nueva temporada, no ha desaparecido antes? Pienso que hay muchos factores. Entre ellos, gente que como yo ha estado esperando a que la serie cambiara, cosa que ha hecho en un 40% de su personalidad, aunque ha tardado bastante. Ahora, hay más emoción, más misterio, los secretos están saliendo a la luz a un ritmo de vértigo, los secundarios han dado más matices a la historia, las situaciones a las que se enfrentan los personajes son más dramáticas y contundentes en sus vidas, la dirección de los capítulos ha ganado en agilidad… nunca he tenido en cuenta esos premios que se ha llevado al bolsillo salvo si era por alguna interpretación. Solo me he limitado a juzgar con mi opinión lo que he creído que es bueno o malo.

Mis felicitaciones, de nuevo, a Miryam Gallego y Javier Gutiérrez, que han demostrado verdadera capacidad para actuar y han dado vida a esta serie llena de contratiempos. ‘Águila Roja’ no es la mejor serie, pero al menos, ha ganado con los años. Y me dejo, quizá, aspectos tan importantes como a tener en cuenta, pero principalmente esto es lo que más deseaba expresar.

 


Video avance de la 9ª Temporada

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