Los Malditos

Son muchos autores que me han influenciado durante años y he ido descubriendo que algunos no tienen mucho en común entre ellos. Sin embargo pertenecen a ese universo que compone mi imaginario literario y de visión externa.

Edgar Allan Poe, Gustavo Adolfo Bécquer, Gastón Leroux, Isaac Asimov, Oscar Wilde, Leiji Matsumoto, el haiku japonés, Julio Verne, por citar algunos… ¿Qué tienen en común? Que todos ellos aparecieron en ese lugar, en ese momento. Y poco a poco los fui explotando para que dieran forma a imágenes, historias, incluso a que interaccionasen conmigo mismo como compañeros de viaje.

De algunos solo conozco una obra; de otros, muchas. Y casi me entristece sentir que quizá no hay tiempo de vida suficiente para conocer todas las páginas que cada día se van sumando a ese tren en marcha y que me resulta imposible parar. Si tuviera que emplear un listado apuntando todos los títulos y autores de los que tengo referencias o que descubro un día y despiertan mi interés, seguramente habría llenado más de una libreta.


Dejando las lamentaciones y volviendo la vista al placer de su lectura, para mí sí que tienen mucho en común: el amor, el terror, el ansia de vivir, las incógnitas, la aventura… características de todos y cada uno de nosotros.

Por esa razón nace este blog. En cierto momento decidí que había que mostrar de cada libro leído algo de mí. Pero ya quedaban detrás muchos que quizá no vuelva a leer, o sí. En ese sentido aquí se esconden los libros que he ido leyendo en los últimos años. Digamos que a tiempo real: en el momento en que acabo uno publico mis comentarios. Esa necesidad nació cuando me di cuenta de que no estaba de más hablar públicamente de lo que estas lecturas me sugieren, y por qué no, de mi trayectoria como lector.

Muchos de estos autores están considerado malditos, sus vidas fueron mediocres o tuvieron un final lamentable e inmerecido. Así empezó la temática de este blog, que ha ido extendiéndose a toda clase de lecturas de autores no necesariamente malditos. Y la imagen del mismo corresponde a mi lugar ideal, una biblioteca o librería oscura, de sombras rotas por un candil o una vela donde incunables y modernos tomos esperan a ser desempolvados de sus misterios como si siempre hubieran existido en un clima de atemporalidad, perdidos en kilómetros de estanterías de madera cuyo crujido rompe en ecos de páginas interminables. Una Arcadia literaria donde leer y escribir sea el único objetivo de vivir. Así es como yo lo veo, y como leo.

Publicado originalmente como página de inicio en este blog en octubre de 2014, y extendido para esta entrada.

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